La Fotografia Magazine, SPAGNA, 2012

2012
by Mathias Harder
Haute Couture: The Polaroids of Cathleen Naundorf

 

Cathleen Naundorf es una fotógrafa de moda excepcional, que podría ser considerada como los diseñadores de las piezas que fotografía, una creadora de sueños. En estas páginas os presentamos una selección de fotografías y el prólogo escrito por el comisario alemán Matthias Herder que se publicará el próximo mes de mayo en el libro Haute Couture. The polaroids of Cathleen Naundorf editado por Prestel, dedicado a la misma serie que será presentada por la prestigiosa galería Hamiltons de Londres entre el 2 de marzo y el 14 de abril.

ETERNA ELEGANCIA
La fotografía de moda procede en buena parte de los encargos realizados por revistas y diseñadores, y con menos frecuencia de proyectos independientes. En estos encargos se persigue principalmente seducir al espectador, lo que resulta fundamental para que éste acabe adquiriendo la prenda de vestir que se está dando a conocer. Cuando un fotógrafo de moda desarrolla un lenguaje visual propio, sus imágenes adquieren un valor que más allá del encargo solicitado. Como ocurre con la fotógrafa Cathleen Naundorf.

Actualmente moda y fotografía de moda han llegado a ser consideradas como iguales. En tiempos pasados no fue así, en este ámbito se consideró a la fotografía como un simple medio para conseguir unos fines determinados, por decirlo de alguna manera, su relación se limitaba a la función comunicativa visual.Muy al contrario, en los últimos años, la fotografía de moda se ha ido emancipando cada vez más de las revista como medio tradicional de difusión y ha comenzado a exhibirse en museos y galerías. El mundo del arte y su mercado han elevado algunas copias vintage de las primeras imágenes demoda a alturas verginosas. Hace cincuenta años el panorama era muy diferente, cuando autores como Irving Penn, Richard Avedon, William Klein y Helmut Newton trabajaban para prestigiosas revistas de moda, preferentemente para la edición francesa de Vogue. Muchas de esas fotos hoy son consideradas como verdaderos iconos. Igualmente autores de generaciones anteriores como Baron Adolph de Meyer, George Hoyningen-Huene y Horst P. Horst, a los que hay explícitas referencias en el trabajo de Cathleen, son estudiados desde el ámbito histórico-artístico. También Cathleen cita como una importante fuente de inspiración en sus propias fotografías a directores como de Sica, Visconti y Fellini.

La moda ha estado siempre condicionada por una continua exigencia de innovación. Requerimiento que también se puede aplicar a su práctica fotográfica: las imágenes que ilustran y publicitan la moda deberían sorprender siempre al espectador. Un nuevo look debe presentarse de manera atractiva. En las misteriosas y eternas fotografías de Naundorf el diseño es el principal centro de atención, ya sea mostrando un detalle o tomando planos más abiertos; en principio podría parecer una propuesta anticuada, pero es recisamente esto lo que ya no es tan frecuente, en un momento en que la moda se encuentra cada vez más marginada y es sustituida en muchas ocasiones por ridículas tendencias que pueden llegar a ser despiadadamente vulgares. Cathleen Naundorf, muy al contrario, continúa confiando ciegamente en el poder dramático de la belleza y la elegancia puras. A veces, quizás por el contacto visual, también podemos sentir algo de la esencia de las personas que aparecen en sus fotografías, algo que va más allá de su vestimenta, convirtiendo imágenes de moda casi en retratos.

Las imágenes de Cathleen tienen una atmósfera onírica, una estética única que va más allá de la tradicional imagen publicitaria. Muchos de los vestidos que aparecen no son prendas antiguas, son diseños únicos de alta costura de famosos diseñadores de moda parisinos, de los que ha podido disponer para la sesión de fotos, por ejemplo de la casa Chanel, Dior, Valentino, Lacroix, Armani y Gaultier. Es la única fotógrafa que tiene prácticamente acceso ilimitado a sus archivos. Con un reducido equipo de asistentes, maquilladores y peluqueros, Cathleen dispone vestimentas y modelos en un escenario neutral o frente a un imponente fondo arquitectónico. Trabaja con una cámara de gran formato analógica, Deardorff o Plaubel, y –por si eso fuera demasiado común en estos días- desde finales de los 90, las carga con películas Polaroid. Aunque a diferencia de antiguos colegas como Helmut Newton y Guy Bourdain, Cathleen usa Polaroid como medio para obtener la imagen final, no para realizar estudios visuales preliminares.

La cámara Polaroid revolucionó la fotografía. Desde 1970 esta singular técnica fotográfica ha encontrado entusiastas en prácticamente todos los géneros – paisaje, retrato, autorretrato, moda, desnudos – y en prácticamente todo el mundo, también entre fotógrafos artísticos. Las polaroids son en su mayoría copias únicas. Solo se puede conseguir negativos con una película en blanco y negro, la 665, con la que Cathleen crear un reducido número de copias en gelatina de plata. Formalmente hablando, uno de los aspectos identificativos de sus fotos son las marcas y defectos que se pueden apreciar en la superficie. Técnicamente, es interesante subrayar la sustitución que hace Naundorf de la elogiada velocidad e instantaneidad de la Polaroid por la lentitud de la cámara de gran formato y unos ajustes muy cuidados y estudiados. Sobre su contenido sorprende el modo en que lo presenta, completamente atípico en nuestros días.

La técnica elegida por Cathleen produce una alteración cromática impredecible, en general predominan los tonos apagados, las estridencias brillan por su ausencia. En este sentido ella cita la pintura renacentista y la contemporánea Nueva Escuela de Leipzig como un marco de referencia. En algunas sesiones experimenta con el efecto opuesto del blanco y negro y el color, o dicho con otras palabras, con el realismo aparente y la abstracción. Curiosamente, con la película Polaroid a veces determinados elemento se oscurecen impidiendo apreciar valores fundamentales en la moda, como son la textura, la consistencia del tejido y la superficie. Pero, en estos casos, la representación documental queda relegada a un segundo plano, favoreciendo un singular efecto pictórico atmosférico.

Básicamente sus experimentales imágenes transforman una situación real, aunque escenificada, en un espacio bidimensional más cercano a la pintura, en el que el color aparece como desconchado, como en las paredes de un viejo palacio. Esta semejanza no es de extrañar, si tenemos en cuenta que la fotógrafa manifestó un entusiasta interés por la pintura siendo muy joven, de hecho, continúa su práctica paralelamente a la fotografía. De ahí que se pueda apreciar como paulatinamente en su trabajo se unen los dos lenguajes de manera magistral gracias a su dominio fotográfico. En sus imágenes algunas mujeres parecen disolverse en un frenesí de color, lo que no se consigue únicamente con el velado fotográfico de la profundidad del espacio pictórico.

La pintura aparece en su obra también con otras referencias. Por ejemplo en la foto Juana de Arco II podemos ver a una modelo rubia con un reducido corsé metálico ( diseñado por Hubert Barrère) que brilla débilmente. Está armada con una espada que medio sostiene en un saludo y medio apunta a sí misma, se encuentra en frente de un retrato ecuestre a tamaño natural de un joven Napoleón Bonaparte, que se erige detrás ella en el fondo.

A través del cuadro la fotógrafa ha creado un inusual encuentro de dos legendarios héroes guerreros franceses. La conexión con París en el imaginario visual de Naundorf es obvio. Desde 1998 París ha sido su principal lugar de trabajo y residencia, una ciudad además que continua siendo hasta hoy sinónimo de moda y fotografía de moda. Sus fotos son escenificadas tanto en imponentes edificios, como en su propio estudio con una simple pero efectiva iluminación. Naundorf sitúa a sus modelos sobre metafóricos pedestales–como en la fotografía de moda de las primeras décadas- con una original mezcla de gallardía y confianza femenina.

Sus modelos posan seductoramente ante la cámara, inaccesibles en la grandiosa estructura arquitectónica de cristal y metal del enorme Grand Palais o junto a la sensual escultura de mármol de Auguste Rodin. Estas localizaciones de Naundorf muchas veces son las responsables de que sus fotografías nos proporcionen un delicioso viaje al siglo pasado.

Uno de sus autores referentes, al que remite repetidamente en su trabajo, es el legendario fotógrafo alemán de moda Horst P. Horst, que vivió y trabajó en París a principios de la década de los años treinta. Como Horst, Naundorf procede de una pequeña ciudad de Weissenfels an der Saale; ella abandonó en 1985 lo que entonces era la R.D.A. por incompatibilidades con el carácter librepensante que ha heredado de una familia eminentemente creativa. Estudió pintura y dibujo en Munich. A principios de la década de los 90 se encontró con Horst en New York, donde éste se convirtió en el mentor de la fotógrafa excepcional en que ha acabado siendo. En su trabajo Hommage an Horst realizado en 2008, Cathleen colocó a una modelo con un vestido de Chanel en el antiguo apartamento de la legendaria diseñadora, en el mismo sillón en el que Horst la retrató. Consiguiendo captar la yuxtaposición de elegancia y melancolía que distinguen las fotos en blanco y negro del artista alemán.

Como muestra las reinterpretaciones que hace Naundorf de puestas en escena, la buena fotografía de moda, como podemos ver aquí, es siempre también una representación del espíritu de los tiempos.

A finales de los 90 el Süddeutsche Zeitung encargó a Cathleen una serie de fotografías de moda tomadas entre bastidores en los desfiles de moda de París. Un poco más tarde comenzó a realizar un proyecto personal usando cámaras de placa y películas polaroids; que ha continuado trabajando hasta hoy, momento en el que ha culminado esta trabajo con la publicación de un libro. Han sido muy escasas las fotografías de esta serie publicadas anteriormente, ya que tienen una función diferente, pueden ser interpretadas como comentarios artísticos sobre moda más que como fotografía de moda. En este trabajo Naundorf nos muestra exclusivamente mujeres jóvenes vestidas en actitud pensativa, atractiva y a veces eróticas. No nos encontramos con las usuales supermodelos, sino rostros frescos, a veces con rasgos asiáticos o africanos. En la selección de sus modelos ha influido posiblemente su experiencia como fotoperiodista realizando reportajes sobre Siberia o el Amazonas. También en el hecho de que a Cathleen le interesa mucho los diferentes movimientos, gestos, expresiones, poses espontáneas de las diferentes etnias de las modelos, también sus historias personales, e incluso sus almas. Todo esto al final acaba fluyendo inconscientemente en su trabajo.

La atmósfera de las imágenes de Naundorf está determinada por los fondos de colores neutrales, aterciopelados, algunas veces en espacios arquitectónicos blancos que evocan un escenario teatral, por ejemplo en el taller de Jean –Paul Gaultier. Pero también en un museo de historia natural, una cocina moderna en la que una modelo con un vestido de noche de Dior saca un cangrejo de una humeante cacerola, o el jardín invernal de una villa modernista de París. Incluso los disparos que parecen en principio fruto casi del azar, están cuidadosamente compuestos: la moda aquí llega a ser una puesta en escena de sí misma. La elegancia representada contraste con las estridentes y monótonas localizaciones usadas en las producciones fotográficas contemporáneas de moda, como por ejemplo las de Terry Richardson, Juergen Teller o Corinne Day. Lo que sorprende de las fotos de Naundorf por comparación, y eso es algo que se debe enfatizar en estos momentos, es la completa renuncia a poses provocativas. En su poética serie Un rêve de mode la unicidad de las fotos Polaroid se corresponde con la exclusividad de los diseños de alta costura. Actualmente la artista ve la Alta Costura como el último reducto de la libre expresión en el mundo de la moda. El tiempo y la memoria parecen diluirse cuando nosotros contemplamos su delicadeza, sus originales imágenes, seleccionadas a partir de unas 150 sesiones. La representación de la realidad ofrece el camino para la impresión de delicadas secuencias de sueño. Después de todo, la fotografía de moda ha sido siempre sobre belleza y sueños, también su posible realización en nuestra propia vida. Algunas de las Polaroids de Cathleen pueden contener la materia de la que están hechos los iconos, aunque –o quizá porque– están desconectadas del tiempo.

Matthias Harder